Antonio Pérez Roldán: «En la muerte del poeta Francisco Lucio»

El pasado día 7 de agosto falleció en su casa de Roquetas de Mar el poeta Francisco Lucio. Nacido en esa villa almeriense en 1933, Francisco Lucio residió en Terrassa (Barcelona) desde 1945 hasta su jubilación en 1998.

Hijo de una humilde familia de pescadores, dotado de una gran inteligencia y una memoria asombrosa, el que luego sería poeta y reputado crítico literario fue repartidor de periódicos, empleado de Telefónica, auxiliar administrativo, profesor, periodista, funcionario y abogado.

Entre 1960 y 1963 dirigió las «Sesiones de Poesía Siglo XX», actos mensuales divulgativos de la mejor poesía española contemporánea que incluían la poesía catalana y la hispanoamericana.

De 1962 a 1968 fue redactor del diario Tarrasa Información, en el que, además de las tareas propias del cargo, publicó semanalmente una «Página Literaria» de gran calidad que incluía información sobre novedades editoriales y una sección, titulada «Microantología», en la que solía publicar un poema breve.

Como poeta, Francisco Lucio publicó entre 1955 y 1959 tres libros que luego repudió por considerarlos «cuadernos de aprendizaje». Para él, su bibliografía poética comienza con Perdido por el tiempo (1964) y sigue con La nube y el viento (1966), Concierto provisional (1977), Tiempo sin redención (1984), Tiempo y dolor (1999), De camino (2001) y Tiempo romance (2018).

Como crítico literario, una vez que hubo dimitido de su cargo en Tarrassa Información, Francisco Lucio publicó su labor en revistas tan prestigiosas como Ínsula, Poesía Española, Cuadernos Hispanoamericanos, El Ciervo, Taifa y Quimera, entre otras.

Era buen conocedor de la poesía española e hispanoamericana, así como de la poesía francesa, especialmente la de los siglos XIX y XX, de la que realizó numerosas traducciones (todas inéditas), sobre todo de la poesía de Baudelaire.

En 1972 colaboró en la fundación de la revista Camp de l´Arpa, junto con José Batlló (el coordinador y principal impulsor), Carlos Sahagún y Enrique Moreno Castillo, entre otros.

Entre 1996 y 2004 editó, junto al autor de estas líneas, la colección «Alandar. Cuadernos de Poesía», de la que vieron la luz veinte números.

Nuestro poeta publicó también un libro de prosa: Los días del Hogar (2000), en el que narra los años vividos, entre 1941 y 1945, en el hogar infantil de Auxilio Social (un servicio de FET y de las JONS) a las afueras de la capital almeriense, ya en el término municipal de Huércal.

Francisco Lucio deja al morir una copiosa obra inédita. Cinco libros de poesía: El muerto, La espinela cotidiana, Sonetario, Hojas secas (un libro de libros) y Umbral de la muerte, así como dos libros autobiográficos en prosa: La calle del silencio y Años de una vida. A todas estas obras inéditas hay que añadir una ingente cantidad de trabajos en prosa, que él denominaba Notas («Notas simples», «Notas errátiles», «Notas mínimas»), que versan sobre lecturas, música, asuntos sociopolíticos, personales, etc.

Ha dejado también una viuda (María Dolores), una hija (Helena), dos nietos (Abril y Arnau), una biblioteca enorme y selecta, y unos cuantos amigos entristecidos por su muerte, pero esperanzados en que no se pierda, en que pueda publicarse su valiosa obra inédita.

Amigos entristecidos, sí, pero agradecidos por haber tenido la fortuna de conocer a una persona tan buena, inteligente y laboriosa: tan extraordinaria.

Antonio Pérez Roldán

One Response to Antonio Pérez Roldán: «En la muerte del poeta Francisco Lucio»

  • Acostuma a passar (i més, últimament) deixes de tenir notícies d’un bon amic i poeta i quan t’arriben les més recents són per notificar-te que és mort. Ens haurem d’aguantar. No queda més remei. Però amb en Paco Lucio se’n va tota una època (la meva des de 1971 fins a 1985, crec). Va ser ell qui va llegir els meus primers poemes i qui em va animar a que continués escrivint. Vàrem ser companys de feina a l’Ajuntament de Lleida i vàrem col·laborar alguna vegada com a advocats. Recordo també haver assistit alguna vegada a la tertúlia que tenia amb en López Raimundo i altres en un bar, el nom del qual no recordo. Tin bastants dels seus llibres. Era un bon poeta. Ho sento de debò. Descansi en pau.

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